El tercer taller de didáctica tiene como objetivo reflexionar acerca del diseño, la gestión y el uso efectivo de la pizarra con el propósito de generar mayores oportunidades de aprendizajes en los estudiantes.

De tiza o plumón, la pizarra es un elemento crucial para el aprendizaje y característico de la sala de clases. Es la dimensión visual del contenido, donde se establecen las relaciones, se consigna información relevante, y muchas veces, modela el aprendizaje esperado.

Por esta razón, el tercer taller de la línea de didáctica de la Matemática pretende promover la reflexión en torno a este instrumento profesional dado que, en el contexto de enseñanza, toma especial importancia, pues es el medio por el cual se comparten las representaciones matemáticas que reflejan el pensamiento de los estudiantes en la clase.

Se espera que los profesores inicien la reconceptualización de la pizarra como un instrumento que, empleado profesionalmente, puede generar mayores oportunidades de aprendizaje en el aula, potenciando la construcción de conocimientos y el desarrollo del pensamiento matemático en los estudiantes”, dice Sergio Morales, coordinador Nacional Pedagógico de Implementación del Programa Suma+.

De esta forma, el taller también busca reflexionar acerca de qué hace el estudiante con aquello que allí se consigna, por ejemplo, muchas veces la información traspasada de la pizarra al cuaderno tiene otras las dimensiones, obligando al estudiante a reorganizar y transformar el contenido matemático. Paralelamente, la pizarra debe ser un espacio para la construcción colectiva de conocimientos, donde los estudiantes compartan sus ideas y producciones matemáticas con sus compañeros, y desarrollen habilidades de comunicación y argumentación en matemática.

No obstante, el diseño y gestión de la pizarra requiere más que la distribución espacial de los elementos claves, también exige al docente la activación de conocimientos profesionales profundos asociados al contenido matemático, al conocimiento previo de los estudiantes, al potencial de los materiales, a los registros de representación, y a la enseñanza y aprendizaje de la matemática”, recalca Morales.

Hasta la fecha, más de 220 docentes han realizado el taller en todo el país con excelentes resultados: “En general me parece un taller super pertinente. Llevo 15 años de experiencia en educación y nadie me había enseñado cómo usar la pizarra de forma profesional. Desde ahora he podido innovar considerando la pizarra en mi diseño de clase y ha hecho que me ordene mejor con los tiempos”, cuenta Pilar Rivera, profesora de la Escuela El Guindo, en la región de Coquimbo.

“Es una muy buena estrategia. Personalmente, no se distancia mucho de nuestra metodología, ya que nos ayuda a ordenar lo que hacemos. La semana pasada la usé en clases, me ayudó mucho a ordenarme y a los niños les quedó más claro el proceso y el objetivo de la clase”, relata Mariana Fuentes, docente de la Escuela Hellen Keller, región del Biobío.