El liderazgo escolar eficaz es indispensable para aumentar la eficiencia y la equidad de la educación, y tiene mayor impacto en contextos de alta vulnerabilidad (Pont, Nusche & Moorman, 2008). En ese sentido, la investigación en educación a nivel internacional se ha posicionado en el liderazgo de las personas que dirigen establecimientos educacionales, debido a que sería la segunda variable más influyente en los resultados académicos de los estudiantes, después de la injerencia de los docentes (e.g., Barber, Whelan & Clark, 2010; Day et al., 2010; Leithwood et al., 2004; Leithwood et al., 2013; Weinstein & Muñoz, 2013), y su efecto se encontraría en torno al 25% de la varianza total de evaluaciones entre las escuelas (Cf., Bolivar, 2010; Leithwood & Riehl, 2005). En consecuencia, el ejercicio del liderazgo en las escuelas y liceos es un desafío clave para mejorar los sistemas escolares y lograr una educación de calidad (Cf., Padilla, 2008).

La Línea de Liderazgo Escolar es implementado por el facilitador de liderazgo y tiene por finalidad crear las condiciones, capacidades  y motivaciones en los directivos escolares para facilitar el trabajo didáctico pedagógico en matemática de los profesores de 1° a 4° año de educación básica de las escuelas. Se proyecta trabajar en los talleres los temas de confianza relacional, participación, trabajo colaborativo y altas expectativas,  pues estos juegan  un papel relevante en la efectividad de las organizaciones escolares, facilitando la cooperación entre individuos y grupos, promoviendo la aceptación de relaciones solidarias y contribuyendo a generar una comunidad más inclusiva y con mejores resultados escolares.